De las revoluciones árabes al 15M: un cambio en el modelo mediático tradicional [+VÍDEO]

1. Santiago Alba Rico, Túnez: “El tiempo de Internet es como vivir en constante hemodialisis”

Durante el periodo de la dictadura de Zine el Abidine Ben Ali, Túnez era uno de los países donde había una censura más severa y donde la libertad de expresión estaba más limitada; el segundo en el ranking, después de China. Hasta que estallara la revolución el 17 de diciembre de 2010 con la inmolación de Mohamed Bouazizi, y siendo los medios de comunicación tradicionales propiedad de la familia gobernante -así como la red nacional de telecomunicaciones-, la única red social a la que el pueblo tunecino tenía acceso era Facebook; una herramienta que pasó de ser un medio para la evasión y el contacto con lo prohibido a un instrumento de activismo político y solidaridad con la lucha de los ciudadanos en las calles.

Más de un año después de que comenzase el salto hacia la democracia, tanto en Túnez como en Egipto, Libia, Bahrein, Siria y Yemen, hablamos con Santiago Alba Rico* para analizar los retos conseguidos y por conseguir en los sistemas de información en Túnez y con motivo de las jornadas ‘Redes Sociales y Derechos Humanos. De la Primavera Árabe al 15M’, organizadas por el medio de comunicación independiente Diagonal.

Vídeo: Celia Hernández. Hemisferio Zero.

– ¿En qué estado se encuentran en este momento los medios de comunicación tradicionales en Túnez?

La revolución lo que ha producido ha sido una especie de estallido de libertad de expresión. Han nacido nuevos periódicos y naturalmente, como es un país en el que no había una experiencia democrática asentada, a veces estos periódicos recurren a procedimientos propios del amarillismo periodístico o campañas no muy limpias contra el actual gobierno tripartito; una serie de defectos que son inseparables de un periodo de transición.

En Túnez, hasta la revolución, habían pocos medios privados. Habían nacido algunos en los últimos años de la dictadura de Ben Ali, bajo la presión liberalizadora de la economía; y después de la revolución, desde los primeros días, se ha producido una recuperación de un marco de libertades muy excitable. Yo creo que irá corrigiendo todos los defectos o estas limitaciones a medida que vayan adquiriendo experiencia democrática y siempre y cuando los capitales privados no devoren a estos medios a veces pequeños y con poca financiación que tratan de introducir voces nuevas en una sociedad que había vivido bajo una tapa, sometida a una presión feroz.

– ¿Cómo funcionaban los medios de comunicación de Túnez antes del estallido de la revolución?

Es el país donde había más censura a todos los niveles, tanto en la prensa escrita tradicional como en Internet. Después de China era el país donde estaban más controladas las comunicaciones por Internet; de manera que como sabéis, allí donde no hay un mínimo de libertad de expresión lo que funciona siempre es el rumor. Es un país que vivía en una gran inseguridad informativa y donde la participación ciudadana era sencillamente nula.

– ¿Cómo comenzó el uso de las redes sociales como instrumento para hacer política?

En Túnez la única red social a la que se podía acceder libremente era Facebook. No existía Twitter; ni siquiera Youtube. Todo estaba censurado. El acceso a otras páginas estaba prohibido y el acceso a Facebook obliga a preguntarse por qué estaba permitido. Había, además, un servidor monopolista de Internet que pertenecía a la familia de Ben Ali.

Por otro lado, en el año 2005, Estados Unidos recompensó a Túnez por los servicios prestados en la lucha contra el terrorismo, la emigración, por las medidas liberalizadoras que había tomado siguiendo las instrucciones del FMI; y convocó en Túnez la Cumbre de la Información. Cosa, como podéis imaginar, absurda. Pero a partir de ese momento, por una combinación de presiones exteriores e intereses económicos relacionados con comportamientos mafiosos de la familia Ben Ali, las redes sociales van adquiriendo más y más importancia. Al mismo tiempo, junto al uso creciente de Internet también se organiza todo un ejército de vigilancia de Facebook, y de hecho, en los años y en los meses anteriores a la revolución y durante la revolución son encarcelados muchos blogueros o gente que participaba en las redes sociales y que las utilizó a partir de cierto momento para tratar de aligerar el peso de la dictadura y oponerse a ella.

De la misma forma en que al menos durante los primeros meses se ha pensado que realmente conseguir una democracia real era posible, allí donde en el resto del mundo más bien la democracia retrocede, en estos momentos el entusiasmo inicial está enfocado a los medios tradicionales por un lado y hacia las redes sociales que han experimentado también una explosión enorme tras el derrocamiento del dictador.

– Has definido las redes sociales desde tres enfoques: instrumento, territorio y órgano…

Sí, como instrumento peculiar que sin duda nos proporciona enormes ventajas de archivo y difusión; aunque también de manipulación de la información.

Como territorio hay que decir que la relación de fuerzas es la misma que existe fuera. Sabemos que las redes se utilizan más para la pornografía o para el comercio que para la información alternativa. Y por tanto no es que sea un territorio libre sino que es más bien un territorio que liberar. Un territorio que hay que conquistar.

Y es también un órgano; es decir, es algo así como una introyección de la realidad en nuestro cuerpo de tal manera que el margen de libertad que proporciona queda bastante reducido a medida en que uno no puede decidir por la mañana que hoy no va a utilizar su hígado o su riñón derecho. Y eso tiene que ver con la velocidad de Internet, el hecho de que es un flujo sincrónico a la conciencia; con esta imposición de la simultaneidad por encima de la sucesión. La sucesión es lo que caracteriza la narración y el pensamiento, que son muy importantes a la hora de hacer análisis de la realidad en la que vivimos. Y hay que defenderse de ese tiempo de Internet que de alguna manera es tiránico; es como vivir en permanente hemodiálisis porque en lugar de aumentar nuestra libertad puede más bien reducirla e introducirnos en un tiempo puramente digestivo. Es el tiempo del deseo ininterrumpido.

– ¿Cuál es el futuro mediático de Túnez y que papel juega el ciudadano?

Yo soy optimista a medio y largo plazo. A corto plazo yo creo que vamos a asistir a retrocesos claros. Ya empieza a haber una especie de reflujo con una cierta despolitización precisamente de los jóvenes que hicieron esa revolución. Se va a empezar a ejercer un control más severo que hasta ahora sobre los medios tradicionales y yo creo que eso va a llevar su tiempo. Me temo que en todo el mundo estamos asistiendo a un crecimiento de inseguridad informativa, a un descrédito creciente de todos los medios.

El espacio público ha quedado muy erosionado y una de las consecuencias negativas de las revoluciones árabes es que de alguna forma aquellos medios que ofrecieron una información alternativa hasta ahora también han quedado muy dañados por las posiciones que han adoptado, por la baja calidad de la información que han ofrecido a veces. Los medios alternativos habían conseguido realmente construir un embrión de una alternativa a los medios hegemónicos comerciales porque frente a la conciencia creciente de manipulación por parte de lectores y espectadores, habían ofrecido información más fiable, con fuentes más rigurosas, como Al Jazeera o Telesur.Y por otro lado los medios alternativos en Internet han perdido algo de credibilidad y eso es trágico.

– ¿Cómo es posible que estemos fracturando nuestras ideas y nuestra credibilidad en vez de unirnos gracias a estas herramientas?

Yo diría que esto también tiene que ver con esta falsa transparencia de las redes sociales y de los medios alternativos, que como decía antes son también poderosísimas fuente de intoxicación. Y aquellos que pretenden por ejemplo negar que en Siria hay una dictadura y hay una revuelta popular se acogen a toda clase de denuncias negacionistas al mismo tiempo que producen sus propios productos intoxicadores y los ponen en la red para sostener sus tesis. De manera que no vivimos en un mundo de transparencia informativa mayor, en contra de lo que podríamos pensar. Lo que más bien ha ocurrido es que la autoridad de lo público ha quedado muy mermada por un medio tecnológico que borra esas divisiones convencionales entre lo público y lo privado.

Lo público siempre ha estado investido de una gran autoridad. Hay cosas en las que creemos sencillamente porque se afirman en público, mientras que la información que circula digamos en la periferia del sistema, en susurros frente a la erosión de esa autoridad pública, acaba por alimentar toda clase de teorías conspiratorias y complotistas que son difíciles de desmontar. Porque el propio circuito las acelera, las alimenta y de alguna manera, las legitima.

– ¿Se puede acabar una entrevista así en tono positivo?

Precisamente lo que demuestran las revoluciones árabes es que nadie controla todo. Frente a ese enemigo que está poniendo en hora permanente el reloj del mundo, lo que demuestran las revoluciones árabes es que en cualquier momento esa fuente autónoma de poder habitualmente silenciada y que son los pueblos, pueden hacer oír su voz por sorpresa, introduciendo esperanzas de cambios estructurales a medio plazo muy importantes para todos.

*Santiago Alba Rico es escritor, ensayista y licenciado en Filosofía. Colabora con varios periódicos, como Gara, Rebelión o Diagonal. Reside y trabaja en Túnez desde 1998.

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